Una serie policiaca diferente: Fargo

Hoy terminé de ver Fargo. No la película, sino la serie. En los primeros capítulos ingenuamente creí en la nota del inicio de cada capítulo sobre la veracidad de los hechos que se narraban (por respeto se cambian los nombres y por respeto no se modifican los hechos, por respeto, a los vivos y a los muertos, respectivamente), pero algo no concordaba: ahí decía que los hechos habían ocurrido en 2006 y la película Fargo (que también anuncia veracidad y que sirve de inspiración a la serie) fue hecha en 1996 y estaba basada (según yo) en los mismos hechos. No sé porque no le di tanta importancia a esa incoherencia y me angustié junto con los personajes. Los ayudé a tomar decisiones, los regañé cuando no me hicieron caso y los reconforté cuando me hicieron caso y mi consejo ocasionó otro desastre. Después leí que la ironía de la película comenzaba desde el anuncio de estar basada en hechos reales. Y dejé de angustiarme, aunque no de disfrutarla.

Molly no es ese agente de policía conflictuado que arruina su vida privada en pro de la justicia sino es una investigadora que tiene una infinita capacidad de aceptar su mundo tal como es. Es formidable como mira a Bill Oswalt cuando él confiesa su fracaso como jefe de policía y su incapacidad para aceptar la maldad en su comunidad, en sus vecinos o en los que fueron sus compañeros de primaria (Lester Nygaard lo fue). Es la misma mirada con la que Molly comprende al agente Gus Grimly cuando él le informa que dejó escapar a Malvo porque se sintió totalmente intimidado por él. Molly no necesitó muchas explicaciones de Grimly, sólo le bastó darse cuenta que tenía una hija adolescente (Greta) y que su esposa había muerto. Otra muestra de su grandiosa humanidad es la indiferencia con la que mira el cuerpo de Malvo: no era sino otro ser humano. Y es que en un mundo donde existe la bondad de su jefe Bill y del agente Grimly también existe la maldad de Malvo, pero Molly escoge donde estar. Tanto es así, que se enamora y casa con el agente Grimly, el policía cuyo sueño es ser cartero y que no por tener y confesar su miedo es un cobarde, y adopta a Greta, una hija que es capaz de amar a su padre como es.

En esta serie policiaca nos es concedido ver todo lo que pasa y por lo tanto llegamos a conocer la maldad sin límites de Malvo. Sabemos que ese nombre, Lorne Malvo, con el que lo conoceremos a lo largo de la serie, sólo es el personaje que adoptó cuando llegó a la comunidad de Bemidji y que obedecía a los términos del trabajo que hacía en esos momentos. En realidad no llegamos a saber cuál es su nombre (o si realmente Malvo es su nombre). Sabemos que es un asesino a sueldo y que su pasatiempo favorito era regocijarse con el dominio que puede tener sobre los demás. Y es que Malvo es un psicólogo innato que sabe encontrar y tocar las fibras sensibles de la gente para dominarlas o aterrarlas. Una cualidad muy útil para su profesión, pero también para su deleite. Su música favorita eran las grabaciones de los diálogos que mostraban la influencia que podía tener para que otros cometieran actos de maldad que no imaginaban que podrían hacer. También, hay que concedérselo, es un asesino muy culto e ilustrado, inteligente y maquiavélico. Sólo que a pesar de saber reconocer las debilidades de las personas (y potenciarlas), realmente Malvo no creía en el crecimiento de la gente. No se imaginaba que alguien como Lester Nygaard, insignificante, inseguro y sin una chispa de inteligencia o sentido del humor, pudiera transformarse bajo su influencia en el ser aprovechado y sin escrúpulos en que se convirtió (Malvo ni siquiera imaginó que los asesinos de Fargo, Numbers y Wrench, hubieran averiguado su paradero a través de Lester, ni tampoco que Lester huiría de aquel elevador en el que Lester le arruinó un lucrativo negocio a Malvo). Tampoco creía que un expolicía miedoso como Grimly pudiera tener el valor de enfrentarlo (lo dejó vivir dos veces y cesó un acoso que quizá le hubiera permitido dominarlo). Malvo creía estar más allá de todos.

Lester es un ser común y corriente, acobardado y acomplejado, al que sólo había que tocar las fibras adecuadas para que se diera cuenta que sí era capaz de hacer y obtener lo que él quisiera, siempre por debajo del agua y escondiendo sus intenciones. Su gran pecado es que, a diferencia de Malvo, para Lester era importante el reconocimiento de la gente y creía en sus propios motivos, no se concebía a sí mismo como un ser malvado sino que se justificaba. Malvo es todo un artista al interpretar a los personajes que requería su trabajo (lo imagino estudiando odontología para ejercer como dentista, y muy reconocido, por 6 meses o leyendo la biblia para poder ejercer como sacerdote): un profesional en la extensión de la palabra (lo cual es admirable dada la profesión que ejerce). En cambio Lester era solo un simulador, alguien que necesitaba ser halagado y alabado y para ello recurría, lastimeramente, a hacer creer que era bueno. Para Malvo, una persona como Lester debió haber sido sólo un hipócrita y un tonto.

Cabría detenerse puntualmente en todos los personajes e interpretaciones, pero uno siempre tiene favoritos. Yo me quedo con el personaje de la bondadosa Molly (interpretada por Allison Tolman) y con la actuación de Billy Bob Thornton, quien actúa inteligentemente al inteligente Malvo. Por supuesto, hay otro personaje que le da continuidad a la vida: Greta, la hija real de Grimly y adopatada de Molly. Ella aporta esa luz de juventud en la que uno quiere creer.

En esta serie en la que uno mira todo, se destila miedo con cada aparición de Malvo, esperanza con la interpretación de Molly, coraje con los desplantes de Lester y ternura con las preocupaciones de Gus Grimly. Pero también uno ve más allá de la muerte de Malvo y cabe la pregunta, si ésta se anunció como una primera temporada, ¿qué puede haber en una segunda? Así como, a pesar de ser homónimas, esta temporada no fue la película, confío en que una segunda temporada indudablemente tendrá que tener algo más que el alargamiento de la vida de otro Malvo o los casos que Molly pueda resolver. Yo miré a ese otro asesino perteneciente a la mafia de Fargo, al señor Wrench, el insólito asesino sordo al que el mismo Malvo pudo expresarle su admiración y ayudarlo a escapar;  a la mafia de Fargo dolosamente lastimada por Malvo, pero ¿extinguida?, no creo; el dinero enterrado en la nieve, cuyos orígenes imagino en la película Fargo y que en esta primera temporada, irónicamente, otra vez queda enterrado; y a Greta Grimly, la nieta que el expolicía, Lou Solverson, padre de Molly, hubiera querido comprar en internet y que su hija Molly le pudo conceder.

Fargo es cruda, pero no sangrienta; psicológica, con todos sus matices; lenta, pero no pesada; de suspenso y no de sustos y lo mejor es que al final, Fargo te hace creer en la humanidad, también, con todas sus tonalidades. Sigue a los Coen, no hay duda, pero no es ellos. Ya va más allá de ellos, pero está con ellos.

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Acerca de Blanca

Soy yo y todas mis confusas personalidades.
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