Regaños al día

Quiero relatar lo que a mí me sucedió cuando la otra noche con una ligera infección de garganta viajé.

Venía de regreso a Monterrey y en lo único que pensaba era que ya quería llegar a mi casa. Me dolía la garganta, pero en verdad no era nada importante.  Sin embargo, desde que el avión despegó sentí el cambio de presión al tomar altura. El punto crítico fue cuando comenzó a aterrizar porque mis oídos comenzaron a dolerme intensamente. Todos hemos sentido que se tapan los oídos y a veces un ligero dolor, pero con la infección se intensifica muchísimo. No lo soportaba. Fue media hora (desde que inició el descenso) de un dolor intenso en los oídos. Era horrible. La aeromoza todo lo que acertó a recomendarme fue que abriera (muy grande) y cerrara la boca varias veces, me dijo que no dejara de hacerlo, y que conservara la calma. Era difícil, pero sobreviví.

Llegando a Monterrey sólo quería olvidarme del asunto y descansar, pero al otro día ya tenía temperatura y mucho dolor en garganta y oídos. En la tarde fui a consulta. El médico me dio una soberana regañiza por tanto descuido. La especialidad de ese médico es regañarme. Hace como dos semanas fui por una dermatitis y me regañó porque ¿cómo podía yo olvidar que era alérgica a las plantas y que tenía que podarlas con guantes? Y digo yo, si nunca había sido alérgica a las plantas hasta hace un año, ¿por qué me tenía que acordar? Y además, en Monterrey con tanto calor ¿quién puede soportar los guantes de latex? Pero bueno, no estaba yo para discutir con el médico. Esta vez también dejé que me regañara (¡es que no hay de otra! lo que no entiendo es porque le pago para regañarme). Según él, bajando del avión debí ir a buscarlo, pero su regaño se detuvo más tiempo en que, dijo, nunca debí viajar con infección de garganta porque corrí el riesgo de que mis oídos estallaran. Afortunadamente no ocurrió, pero la exposición a tal aventura ocasionó que la infección se extendiera rápidamente. Estuve toda la tarde en la clínica hasta que se me bajara la infección (me pusieron antibiótico en la vena) porque la infección ya estaba en los oídos, con ámpulas de pus y extremadamente inflamada. Corría el riesgo de quedarme sorda (que mucho no me falta, pero bueno) y de que la infección se extendiera al cerebro.

El médico regañón (un viejito con el que uno sólo puede condescender) me dijo que todas las personas que viajamos mucho deberíamos saber que si uno se sube al avión con una ligera gripa, se bajará con un griponón después de una hora de vuelo. Después del regaño y pensándolo detenidamente, es hasta lógico, de sentido común: hay una vinculación muy fuerte entre oídos, nariz y garganta y con el equilibrio y la presión, pero ¿por qué uno no piensa en eso cuando se sube al avión?

Yo sé que sé que ustedes también viajan mucho y lo preferible es no exponernos así. Yo sobreviví para contarlo y por eso se los cuento. Es preferible perder el vuelo que perder el oído. Cuando viajen, asegúrense de no viajar con infección de garganta o gripa.

Anuncios

Acerca de Blanca

Soy yo y todas mis confusas personalidades.
Galería | Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s