La pequeña Orca

Una orca se adentra en aguas poco profundas con su pequeña hija. En la orilla de la playa, crías de leones marinos de pocos días de nacidas empiezan su entrenamiento para aprender lo que mejor sabrán hacer en su vida: nadar. Repentinamente, la madre orca en una corta distancia, impulsada por los movimientos ondulantes de su cola y cuerpo, alcanza una velocidad de 30 km/h en unos pocos segundos, después deja de moverse y el solo impulso hace que llegue a la playa. La mitad de la altura de su cuerpo queda afuera del agua, pero logró atrapar en su boca a un pequeño león marino desprevenido que no vio venir el peligro. La presa está viva, así que la madre orca la azota una y otra vez sobre la playa para atontarla, después, increíblemente, la deja ir y regresa al lado de su hija. Madre e hija se saludan y se comunican. Ahora es el turno de la pequeña orca. Impulsa su cuerpo con demasiado entusiasmo y alcanza 50 km/h en unos segundos, pero la potencia es demasiada: sobrepasa a las crías de leones marinos, quienes se recobran rápidamente del susto y salen a tierra velozmente quedando fuera del alcance de la pequeña orca. No sólo no cazó a la cría sino que la ballena quedó varada en aguas que apenas alcanzan a tocarla.

Es verdad que las orcas respiran aire, tienen pulmones, pero necesitan nadar para sobrevivir. Su cuerpo no soporta su propio peso sobre él. Tiradas de panza, la presión del piso sobre sus órganos internos recae en sus pulmones. Las costillas de la ballena, diseñadas para proteger a los pulmones, se vuelven una caja contra los que éstos son aplastados por el resto de sus órganos. Una ballena varada muere por asfixia. Es curioso, tirados de panza, a nosotros nos pasaría lo mismo si no tuviéramos los huesos de la cadera, pero a una ballena, la cadera no le permitiría el nado tan perfecto que ha alcanzado. Así que la pequeña orca varada está destinada a morir si no logra volver a aguas profundas pronto. Se agita con desesperación una y otra vez sin lograr cambiar de lugar su enorme cuerpo, hasta que, atormentada, emite un sonido de auxilio a su madre, quien apenas oye el llamado de su hija se impulsa velozmente para alcanzar la playa.

Uno pensaría, pero ¿qué puede hacer la pobre madre sino verla morir (y posiblemente morir ella misma en el intento)? ¿cómo podría ayudar a salir a su cría de ese atolladero? no la puede sostener, empujar o jalar para sacarla. Pero recordemos que las orcas son sorpresivas: la madre queda varada, pero de inmediato mueve su cuerpo lateralmente auxiliándose de sus aletas inferiores para sostener su cuerpo (a manera de brazos) y se impulsa una y otra vez sobre la arena de la playa. Cava un agujero que le permite acumular el agua que las olas traen y genera una profundidad apropiada donde su nado puede servirle. La hija observa e imita y ambas logran volver a las profundidades del mar, cada una por su propio esfuerzo.

Después de ver ese programa de la BBC de Londres, me pregunté por mi esfuerzo por una didáctica más apropiada para mis estudiantes. La madre mostraba para que la hija pudiera aprender. La hija veía y copiaba. La hija no generó conocimiento sino que se apropió del de su madre: lo hizo suyo para poder sobrevivir (que es una forma de generar el suyo propio). Observando ese proceso de eneñanza y aprendizaje, me pregunté cómo las orcas habían logrado ese conocimiento para poder cazar a las crías de los leones. Algunas de ellas tuvieron que haber muerto varadas hasta que como sociedad pudieron encontrar una técnica perfecta de caza, porque no es sólo lo sigiloso de la llegada, la distancia a la que se impulsan, la velocidad que alcanzan, el momento en que aprovechan el impulso, sino también la forma en que toman a la presa, como la azotan una y otra vez hasta que no pueda recuperarse cuando vuelva al agua y volver al mar con la presa viva en la boca en un tiempo record para que sus órganos internos no aplasten a sus pulmones. Creo que su perfeccionamiento sólo fue posible porque existía la transmisión de conocimiento entre ellas. No sé si los sonidos que emiten puedan tener tanta abstracción como los nuestros o si realmente su didáctica se sustente en la imitación, lo cierto es que no es sólo imitación. La orca pequeña resolvió (felizmente para ella y desgraciadamente para las crías de los leones marinos) un problema, pero no era un problema simple. La adrenalina de la situación tenía que hacerla aprender. Pedirle a una ballena que logre construir ella sola su conocimiento para poder salir de ese atolladero es condenar a varias crías a morir por algo que como sociedad ya es posible resolver. Supongo que es de esperarse que la ballena aprenda en un sentido amplio: que use la técnica, pero también que la mejore, porque de esa forma la pudieron perfeccionar. La transmisión de conocimiento, entonces, tiene dos funciones importantes: proteger y mejorar.

El poder de nuestra enseñanza tendría que ser superior: no sólo no sometemos a nuestros estudiantes a situaciones tan extremas, sino que no nos limitamos a cuestiones prácticas, también enseñamos conocimiento abstracto. La abstracción y la modelación es la que nos permite evitar situaciones tan peligrosas como aquella en la que puso la orca a su hija, pero también es lo que permitirá mejorar y disminuir la necesidad de recurrir a ensayo y error. A partir del conocimiento que como sociedad ya tenemos, esperamos que nuestros estudiantes puedan construir nuevo conocimiento, no sólo práctico sino también abstracto. Es decir, no sólo pretendemos proteger y mejorar sino dejar senderos abstractos para la generación de nuevo conocimiento. Difícil tarea para la enseñanza.

No sé si es posible que el lenguaje de las orcas les permita a generar y transmitir conocimiento abstracto. Sin embargo, quiero pensar que algo de abstracto sí tienen (¿la velocidad que deben alcanzar para impulsarse será ya una abstracción?) porque eso me permite pensar que para mejorar se dejan guiar por algo más que por ensayo y error. También me permite imaginar a la orca madre felicitando y regañando a su hija por sobrepasar la velocidad enseñada. Pero no tengo forma de realmente saberlo. A pesar de todas mis disquisiciones, mejor situación no hay para la frase del Coro de la Ifigenia Cruel de Alfonso Reyes: Asisto a los misterios -y callo.

PD: Por cierto que en ese programa también me enteré que las orcas no son ballenas sino delfines. No cabe duda, las orcas son sorpresivas.

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Acerca de Blanca

Soy yo y todas mis confusas personalidades.
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